No me resigno.

Dos mimos con alas y cara blancas agarrados de la mano en un parque

No me resigno a vivir con el corazón encogido. No renuncio a vivir en un mundo mejor. ¿Una utopía? Creo que no. Creo sinceramente que el mundo se cambia empezando por nosotros y nuestro entorno más cercano. Creo que si sonríes de corazón, la vida te recompensa. Creo que si, a pesar de todo, te resistes a ser arrastrado por la negatividad, el sarcasmo corrosivo que todo lo carcome, la vida te recompensa. No siempre es fácil, lo admito, porque cuando esa acidez te salpica, escuece, y mucho.

Hace tiempo que hice el propósito de desterrar la ironía y la mala baba de mi vida, porque me sumía en un círculo de amargura que me alejaba más de la vida. Admito que no siempre es fácil, porque a veces esa mala onda me capta y trata de secuestrarme de nuevo, sobre todo cuando vives en una sociedad a la que lo que más le gusta es la crítica destructiva.

Creo que el mundo puede cambiar y que podemos hacer cosas para que sea un lugar mejor en el que vivir, lo creo sinceramente. Creo en la gente que lucha para ayudar a otros que lo tienen peor que nosotros, por mucho que muchos se empeñen en decir que todo es inútil.

Si no fuera por esa gente, la esclavitud no se habría abolido, las mujeres no tendrían derecho al voto y la educación sólo sería cosa de unos cuantos privilegiados, por ejemplo.

Si no fuera por esa gente, la ciencia no habría evolucionado, el hombre no habría puesto un pie en la luna y muchas enfermedades no tendrían solución. Si no fuera por esa gente, las personas con discapacidad seríamos unos tullidos inútiles y un lastre para la sociedad.

ME NIEGO.

Me duele que haya tantas personas sin nada, que en las aceras haya cada vez más hambrientos y que la gente mire para otro lado argumentando que todo es inútil y que el mundo es una gran cloaca, que no se puede hacer nada por cambiarlo. Me niego a creer eso.

Siempre habrá desalmados que rocíen el mundo con su bilis y siempre habrá gente para plantarles cara, y ésta es la gente es a la que habría que hacer un homenaje, porque son los que luchan por un mundo mejor mientras el resto guarda un cómodo silencio.

Creo en las buenas personas, en el valor de la solidaridad, en la fuerza reparadora de un abrazo o de un beso acompañado de un te quiero que sale de lo más profundo del corazón.  Sinceramente, lo creo.

No me resigno a vivir con el corazón encogido. No renuncio a vivir en un mundo mejor.

APUNTESVicky Bendito