En este mundo cabemos todos

Lámparas de fuego subiendo al cielo

‘Wonder’ y ‘El gran showman’, dos películas imprescindibles para trabajar en la inclusión. He visto las dos varias veces y no me canso. Cuantas más veces las veo, más cosas descubro. Empecemos por ‘Wonder’, basada en el libro de R.J. Palacios ‘La lección de August’, del que hablo siempre que tengo ocasión. Más allá de nuestra apariencia, tenemos los mismos deseos que el resto, como explica August al inicio del libro y de la película: Pasarlo bien, tomar un helado de nuestro sabor favorito, jugar, que nos besen y abracen, vivir, que nos acepten y nos amen tal y como somos y, ante todo, somos personas.

Recuerdo ahora el monólogo de Shylock, en ‘El mercader de Venecia’, de William Shackespeare: “Soy un judío”. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?”

Cuando una persona tiene o nace con una peculiaridad, rareza, diferencia, discapacidad, de una u otra forma, se le educa para que sea como los demás, y así encaje en esa mayoría homogénea, para que sea igual que el resto. Pero no lo somos, y obligarnos a eso, a ser igual que el resto, no nos ayuda y nos hace infelices, porque somos como somos y tenemos derecho a vivir en este mundo como el resto, a disfrutar de la vida como el resto, a tener nuestro lugar como el resto. Por eso, el número de ‘El gran showman’ que más me llegó al alma fue este: This is me.

The official lyric video of "This Is Me" by The Greatest Showman Cast from the 'The Greatest Showman Soundtrack'.

“Nuestro lugar vamos a encontrar. Valemos mucho más. Cuando las palabras me quieran dañar, bajo un río las voy a ahogar. Maquillada, valiente. Yo soy quien debo ser. Soy así. ¡Cuidado! Aquí estoy y marchando voy al son del tambor. Que me vean, me da igual. No me voy a disculpar. Soy así”, reza el estribillo de esta canción. “Vamos a luchar. No nos vencerán jamás. Yo lucharé, no me hundirán más. Un lugar lograremos encontrar. Valemos mucho más”, dice en otro momento.

Me encantan ‘Wonder’ y ‘El showman’ porque, de la misma manera que el cine contribuyó en su momento a cambiar mentalidades racistas, sexistas y homófobas, aunque aún queda camino por andar, ambas tratan la discapacidad desde un punto de vista que rompe con el paternalismo, con el concepto caritativo de la integración. Abogan por la inclusión.

Porque somos como somos, punto. Tenemos los mismos deseos, somos personas, como el resto, y tenemos los mismos derechos, pero no somos iguales y aún no tenemos nuestro lugar en el mundo. Cada día estamos más cerca, pero aún no lo tenemos. Porque, eso es un hecho, nacimos o tenemos una clara desventaja con respecto a la mayoría, como bien refleja Alan Ruiz Terol en su más que recomendable reportaje ‘Puedo, pero no quiero’, y muchos se empeñan en negarlo.

Que el mundo no está hecho para las minorías o para los que son diferentes, sobre todo en una sociedad que cultiva el hedonismo, es un hecho. Que mientras la sociedad avanza somos las minorías las que tenemos que adaptarnos permanentemente a él, en un esfuerzo a veces agotador, eso ya no lo tengo tan claro. Sobre todo si esa adaptación, esa permanente carrera de obstáculos que es la vida de las personas con discapacidad y con enfermedades raras, implica aparentar ser igual que el resto, ser tan productivo como el resto, mediante ese ‘modelo rehabilitador’ que aún pervive y que nos obliga a adaptarnos al canon de normalidad impuesto, a obviar nuestra diferencia, en lugar de tenerla en cuenta.

“Reunir con usted en escena a personas de toda clase, de todos los colores, formas y tamaños y presentarlas como iguales, otros crítico podría haberlo llamado: ‘Una celebración de la humanidad’”, dice uno de los personajes al protagonista de la película, interpretado por Hugh Jackman. Y eso es con lo que sueño, con una celebración inclusiva de la humanidad, porque, desde el respeto y la educación, en este mundo cabemos todos.