Así no.

Ayer, 26 de mayo, mientras ojeaba los distintos periódicos para seguir la jornada electoral, me topé con esta información del periodista Pablo Herraiz en el diario El Mundo, cuyo titular me desorbitó los ojos: “Descontrol en el voto de los discapacitados: hacen vocal a una paralítica cerebral”, un titular, cuanto menos, desafortunado. 

No contentos con escribir “discapacitado”, rematan la faena con “una paralítica cerebral”. ¿Y la persona? Cuando la ONU elaboró la Convención de Derechos de Personas con Discapacidad, determinó la importancia de anteponer la persona a la condición, que no es lo único que nos define. Por lo tanto, consensuó la expresión “persona con discapacidad”. 

¿Tan difícil hubiera sido titular “Descontrol en el voto de las personas con discapacidad: hacen vocal a una mujer con parálisis cerebral”? Aún así, ¿cuál es el problema de que hicieran vocal a una persona con parálisis cerebral? ¿Su discapacidad? ¿En serio? ¿O, más bien, como refleja la información, era la falta de accesibilidad? Si una persona que utiliza una silla de ruedas para desplazarse quiere coger un autobús y este no tiene una rampa para que pueda subir a él, ¿el problema está en la falta de movilidad de esa persona, en su discapacidad o en una compañía de transporte que no es accesible?

La falta de accesibilidad convierte la vida de las personas con discapacidad en una auténtica carrera de obstáculos diaria. Es, como dijo el presidente del Cermi, Luis Cayo Pérez Bueno, en una entrevista en Radio 5, una“discriminación insidiosa, oculta, no confesada y silenciosa” hacia nosotros, las personas con discapacidad. 

Desde diciembre de 2017, la Ley obliga a que todos los servicios, bienes y productos sean accesibles. La accesibilidad está considerada por la ONU un derecho fundamental de las personas con discapacidad, pues sin ella no es posible su inclusión y sin inclusión no pueden ser ciudadanos de pleno derecho. Incluso la orientación de la información es desafortunada. El problema no es la discapacidad, es de una administración y un sistema que, estando obligada a la accesibilidad, nombró vocal a una persona con discapacidad pero no puso los medios para que pudiera cumplir con su deber como ciudadana de pleno derecho. La tecnología para hacer los entornos accesibles, está ahí, se lo aseguro. Vea si no, el programa “De seda y hierro” emitido, precisamente, el domingo 26 de mayo: “El mundo a mi alcance”. 

No dudo de su vocación social ni de las buenas intenciones que tenía al escribir esas líneas para dar visibilidad a una de las muchísimas situaciones con las que las que diariamente tenemos que lidiar las personas con discapacidad, de verdad que no. Ignoro quién decidió este titular tan nefasto, si usted, el editor o quién. No lo sé. Estoy segura que es fruto del desconocimiento, más habitual de lo deseable, que existe en torno a la discapacidad. Le recomiendo encarecidamente, desde el más absoluto respeto y el amor a la profesión más bonita del mundo, la nuestra, que, a la hora de redactar informaciones sobre discapacidad, consulte el “Decálogo para un uso apropiado de la imagen social de las personas con discapacidad” y, por supuesto, la CDPD de la ONU que, sabedora de lo importante que es su papel en la normalización social de las personas con discapacidad, insta "a todos los órganos de los medios de comunicación a que difundan una imagen de las personas con discapacidad que sea compatible con el propósito de la presente Convención" (artículo 8.2.c),