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Hace unos días hablaba con una persona sobre el acoso escolar. Comentábamos que los niños se han metido siempre con otros niños en el cole. Yo misma, en el primero que estuve, me tenía que defender a veces a patada limpia… pero el acoso escolar no es una pelea puntual, es algo mucho más serio, más dañino, y que todavía haya quien lo excuse dice muy poco de nuestra sociedad.

Que haya existido siempre el acoso escolar, que siempre haya habido niños matones, no significa que sea tolerable. Hace décadas los malos tratos se veían como algo normal en un matrimonio, algo en lo que no se debía meter nadie porque era cosa de dos, porque “los trapos sucios se lavan en casa”. Aún recuerdo el día que entrevisté a una víctima y me contó que la primera bofetada que le dio su marido fue en su noche de bodas, y que estando embarazada la tiró escaleras abajo. Se me pusieron los pelos como escarpias.

Antes nadie se espantaba ante esta barbaridad, era normal, como normal era la esclavitud, como normal era el trabajo infantil, como normal eran antes tantas cosas, hasta que las víctimas empezaron a denunciar y la sociedad comenzó a concienciarse y los gobiernos a crear herramientas para combatir la violencia de género (aún queda mucho por hacer, cierto). De la misma forma, hay que repudiar el acoso escolar, denunciar la falta de implicación por parte de quienes conocen la situación y no hacen nada para ponerle fin, porque no se puede robar la infancia a ningún niño. #StopBulling.

Os recomiendo que leáis ‘Volando hacia la muerte‘, de Rosa Montero.

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