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Nacida en Santiago de Compostela en 1973, ganadora del último Premio Solidario ONCE de la Comunidad de Madrid en la categoría de Programa, por el espacio ‘Tú y Madrid’, que emitía Telemadrid dentro del informativo matinal ‘Madrid contigo’, Marta Landín es una periodista cercana, de sonrisa sincera y comprometida con el periodismo social. Confiesa que tener a M., que nació con agenesia del antebrazo izquierdo, le ha hecho observar aspectos de la discapacidad que antes no veía. Yo he querido entrevistarla por esa doble experiencia, la personal, como madre de un niño con discapacidad, y la profesional implicada en la visibilización de las personas con discapacidad.

Marta Landín tras recibir el Premio Solidario ONCE a su programa 'Tú y Madrid'

Me cuenta que el embarazo de M. fue “peculiar”, pues fue en una de las revisiones donde se enteró de la discapacidad de su pequeño. Ese día, precisamente, su marido, Pablo, no pudo acompañarla, ya que se encontraba de viaje. “Fíjate, fue la primera a la que faltó”, recuerda. Ella estaba tumbada mirando la pantalla mientras le explicaban lo que revelaba la eco-doppler: Que si esta es la pierna derecha, que si esta es la izquierda, con su tibia, con su peroné, con su fémur, que si tiene todas las costillitas, que si parece chica…

“Y de repente, la doctora se calla. Fue un silencio en seco”, recuerda. Cuando llevaba 5 ó 6 segundos sin decir una palabra, Marta le dijo:
.- ‘Mira, si no sigues hablando me voy a preocupar”.
.- “Mira, Marta te llamas ¿verdad?, es que… no le veo un bracito”, le confesó.

A Marta, tras el impacto de la noticia, se le empezaron a caer unas lágrimas contenidas, pues estaba con gente extraña, con una doctora joven que no sabía muy bien cómo afrontar la situación. Noqueada, Marta se vistió, cogió el coche, se marchó a casa y, ya en su barrio, llamó al trabajo para decir que no podía ir ese día. Se dirigió a un parque cercano, se sentó en un banco donde daba el sol y estuvo un rato en silencio, sin saber a quién llamar. No quería telefonear a su esposo porque estaba de viaje en coche. Pero él tenía muy presente que ese día tocaba revisión y quería saber cómo había ido todo. Sin embargo, Marta no quería preocuparle al volante.

Marta intentó ser buena actriz y disimular con un ‘bien, la cosa ha ido bien, ya te contaré’. Pero esa contestación no le convenció a Pablo, quien a los diez minutos, volvió a telefonearla:
.- ’Marta, me he quedado intranquilo. Algo te pasa”, le dijo.
.- Y entonces Marta ya no pudo más: “Pues sí. Sí le pasa algo al niño, Pablo. Le falta un bracito”.

“LLORAMOS MUCHÍSIMO Y AMARGAMENTE, PERO LO LLORAMOS TODO ESE DÍA”
Pablo regresó a casa y esa noche los dos lloraron “abrazados en el sofá, muchísimo y amargamente”. “Pero lo lloramos todo ese día. Después empezamos a pensar qué íbamos a hacer, cómo se lo íbamos a decir a nuestro hijo mayor, a mis padres…las lágrimas se terminaron el día dos. Se acabó”, asegura. No fue una decisión, simplemente lo hicieron, se arremangaron y se pusieron manos a la obra para continuar con sus vidas.

Al hijo mayor, que entonces tenía 9 años, les costó varios días. No sabían cómo contárselo. Hasta que un día agarraron el toro por los cuernos y le dijeron que tenían que hablar con él.

“Oye, tenemos que decirte una cosa. Mira, que a tu hermano le falta un brazo”, le explicaron. “Y el niño dijo: ‘¡Ah! ¡Bueno!’ y no volvió a preguntar por el tema.¡Y nosotros ahí comiéndonos la cabeza para ver cómo se lo decíamos!”, recuerda Marta, para quien “es alucinante la capacidad que tienen lo niños para asimilar las cosas”.

Hablar con sus padres “fue más duro”, admite. En parte por la distancia, ellos estaban en Galicia y contar determinadas cosas por teléfono no es fácil. “Se quedaron noqueados. No hubo lágrimas, porque tengo unos padres duros, no lloraron ni nada de eso, pero se quedaron en shock”, señala Marta, quien recalca también que son unos abuelos “enamorados de su nieto”.

El embarazo siguió su curso y tan asumido lo tenían que cuando llegó el día del parto, a Marta se le olvidó comentar a la matrona la agenesia que tenía el bebé. “Cuando la matrona sacó al niño, le cambió la cara. Entonces le dije: Ay, que no sabes que le falta un brazo, pues le falta un brazo ¿verdad? Y ella, aliviada, me respondió: ‘¡Ah! Lo sabes. Sí, sí, le falta un brazo’”, relata divertida.

El niño llegó con cuatro kilos, “redondito, hermosote, preciosísimo”. “No es amor de madre”, asegura con una sonrisa de oreja a oreja, de esas que hacen entornar los ojos de orgullo.

Marta Landin

“¿CÓMO PUEDE SER QUE TE HAGAN PASAR POR ESA TORTURA BUROCRÁTICA CUANDO TIENES UN HIJO CON DISCAPACIDAD?”
Una de las cosas que más le llamó la atención a Marta Landín cuando nació su hijo fue la montaña burocrática que tuvo que escalar. “¿Cómo puede ser que te hagan pasar esa tortura burocrática cuando tienes un hijo con discapacidad? ¡Fue un castigo!. De hecho, recuerdo haber llorado en una ventanilla porque no podía entender que me lo hicieran tan difícil y soltar la frase: ‘La peor parte de tener a M. es la burocracia’. No puedo entender que a los seis meses, después de haber ido a 25 ventanillas para la tarjeta, para el grado de discapacidad, tuviera que pasar por lo mismo porque ‘por si acaso’, a ver si le ha crecido el brazo”, recuerda con ironía.

Una tortura burocrática que tuvo que compaginar con su jornada laboral y el cuidado de sus hijos. Por no hablar del escrutinio al que se somete a los padres para comprobar si ellos pueden afrontar el pago de las prótesis o tratamientos que necesitarán sus hijos y evitar que lo reclamen a la seguridad social.

“No digo que me nos estén dando palmaditas en la espalda, pero, hombre, que nos lo pongan un poco fácil… y a mi hijo solo le falta un brazo. No me imagino a aquellos padres que tienen una discapacidad más grave y que tienen que seguir yendo para ver si su hijo sigue teniendo derecho a ese grado de discapacidad y para… ¿por qué? ¿pero…?”, le vienen a la cabeza un montón de preguntas que no concluye porque aún le asalta la estupefacción que le provoca una situación que roza lo absurdo, incluso, lo inhumano.

“De hecho, la gran mayoría de las madres con un hijo con discapacidad acaban dejando el trabajo porque es imposible compatibilizarlo con el trabajo en sí. Pero es que encima, ya sólo con la burocracia es prácticamente imposible acudir al puesto de trabajo, porque tienes que ir a tantas ventanillas…”, explica..

No sólo es el hecho de comenzar un peregrinaje de ventanilla en ventanilla, yendo a por un papel A, a por un formulario B, a por un informe C. Es también el hecho de que quien te atiende tampoco tiene ni idea del trámite exacto y, por lo tanto, no te orienta, a ti, que de pronto te encuentras en un mundo que desconocías, buscando lo mejor para tu pequeño con discapacidad pero sin una guía con los pasos que tienes que dar para conseguirlo.

En este sentido, Marta Landin considera que las asociaciones son importantes, pues, cada una en su especialidad y con la experiencia acumulada de quienes las conforman, son quienes mejor pueden asesorar y acompañar a las familias.

“ES IMPRESCINDIBLE UNIRTE PORQUE POR TU LADO, SOLO, NO VAS A CONSEGUIR NADA”
Ella, en cuanto supo que su hijo tenía agenesia, buscó y encontró la Asociación de Familias de Niños con Prótesis (AFANIP). Les llamó habló con varias madres, aprovechó y realizó varios reportajes (como los ha hecho también de la Asociación de Microtia España, o Ela, o de Treacher Collins, y de muchos otros). “Pero luego no he seguido porque no lo he echado en falta. No descarto que el día de mañana sí lo necesitemos. Yo ahora no me he metido, pero por falta de tiempo, porque no me llegan las horas del día”, admite.

A su juicio, en las asociaciones, y ha conocido unas cuantas, “todo son ventajas”. “Tienen sus problemas, como todas las organizaciones, pero pero cuando hablas con ellas sobre todo las de enfermedades raras, te das cuenta de que es imprescindible unirte porque por tu lado, solo, no vas a conseguir nada”, agrega.

.- La idea que había hace 40 años de la discapacidad no es la misma que ahora. Hemos evolucionado ¿Crees que queda camino por andar? ¿Qué exactamente?
.- Sí. QuIzás darle mayor visibilidad. No esconder la discapacidad. Yo sigo haciendo reportajes para ese fin, para normalizarla. Si tú lo normalizas, la gente lo acaba normalizando. A mí me encantaría, por ejemplo, que hubiera un presentador de televisión sin un brazo.

A su juicio, los medios de comunicación son claves en ese camino.“En tu entorno es absolutamente normal tener Treacher Collins, en el mío, tener agenesia. Si esto se extendiera… y los medios de comunicación juegan un papel fundamental, pero sin victimismo, sin ‘ay, qué pena’, con naturalidad”, argumenta Marta, quien tiene la impresión de que los medios de comunicación dedican más espacio a las personas con discapacidad.

“Yo veo que sale más ¿No? ¿Tú como lo ves?”, me pregunta, y aquí me yo me convierto en entrevistada.

“Yo veo que se trata más, pero no veo un presentador con discapacidad, salvo Anna Hernández, en España Directo, no veo que haya un alto cargo público con discapacidad. Los políticos que hay con discapacidad, se dedican a la discapacidad”, le digo.

“Sí, sí, no está normalizada. Desde luego, faltan muchas cosas por delante. Pero es verdad que se habla más de la discapacidad, no sé si porque se le da más visibilidad, o porque la gente con discapacidad sabe que ha llegado su momento y va a los medios y reivindican sus derechos… desde luego, noto más movimiento”, reflexiona.

.- ¿Influye la educación?
.- Cien por cien.
.- ¿Por qué?
.- Porque la educación lo es todo. Si enseñas que lo importante, ante todo, es el respeto a los demás, vas forjando en el niño valores como la tolerancia, la empatía, la no discriminación. Se debe trabajar con los niños en casa y en el aula. Recuerdo siempre una frase que me repetía mi padre: “Me importan tus notas pero, ante todo, me importa que seas persona.

“NO ME MOLESTA LA PALABRA DISCAPACIDAD”
.- ¿Te molesta la palabra discapacidad?
.- No. Seguramente podría haber una palabra que definiera mejor que tengas una discapacidad, pero no la he encontrado. Desde luego, no dándole vueltas a las palabras. Si nos peleamos por los términos y no nos dedicamos a lo importante… a mí no me me parece que sea peyorativo. Claro, también pienso que es algo que está en la mente de cada uno, y como lo lleva cada uno, digo yo.

.- ¿La sociedad cree en la capacidad de la discapacidad o todavía tiene un concepto caritativo de la misma?
Responde sin dudarlo: “Un concepto caritativo. Todavía, cuando hablamos de una persona con discapacidad, es el pobrecito, y no ayuda nada a la inclusión. Yo es algo que he conseguido eliminar en mi entorno. Yo no quiero que mi hijo crezca con un ‘le falta un brazo, pobrecito’ porque ¿cómo voy a hacer de él un niño fuerte si al día escucha quince veces pobrecito? Pero es que, además, es una persona muy fuerte”.

Marta señala que, aunque ya empatizaba con las personas con discapacidad, en este sentido recuerda uno de sus trabajos en Telemadrid, la entrevista a Álvaro, el niño del exoesqueleto http://www.telemadrid.es/programas/madrid-contigo/alvaro-tiene-un-sueno-volver-andar , lo cierto es que la llegada de M. le ha hecho ver aspectos que antes no contamplaba, como “lo difícil que lo pone la administración, la burocracia”.

“Es imperdonable lo que hacen a las familias cuando acaban de tener un hijo con discapacidad”, sentencia Marta, y añade que la sociedad tampoco ayuda. “Puedes asumir sin trauma alguno que tu hijo nació sin un brazo y enseñarle a él que no pasa nada, que será un campeón exactamente igual que cualquiera, pero baja a la calle y escucharás siempre un ‘pobrecito’”, afirma.

Ese ha sido uno de los regalos que le ha hecho M., un niño con una mirada penetrante capaz de dejar clavado al Goliat más grande del planeta y con una destreza montando figuras de Lego que ya la quisieran muchos con dos manos. Le ha regalado otra forma de ver el mundo.

En este sentido, Marta recuerda a una madre a la que entrevistó hace ya tiempo y que le dijo: “Yo no puedo cambiar que mi hija tenga autismo, pero sí puedo cambiar cómo la ve el resto del mundo”.

Y por eso Marta se afana en dar voz a los que no la tienen, en visibilizar a quienes muchos se empeñan en esconder, en mostrar lo que muchos no quieren ver, desde esa gran ventana al mundo que es la televisión. Ahora, desde ‘Buenos días, Madrid’.

Marta Landin en 'Buenos días Madrid', hablando de la película Wonder y el síndrome de Treacher Collins.

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