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Me hace gracia el concepto que tienen algunos de la normalización de la discapacidad. Hay quienes piensan que tratar con normalidad a una persona con discapacidad es hacerlo como si no la tuviera, y no es eso. Es hacerlo teniendo en cuenta, precisamente, su discapacidad, porque forma parte de ella.

Integrar la discapacidad no es obviarla, es tener en cuenta esa discapacidad y poner los medios para que sea posible la inclusión.

Recuerdo una ocasión en la que una persona me comentó que un compañero en silla de ruedas siempre llegaba tarde a los sitios a los que le enviaba. Yo me quedé mirándole y le dije:

.- A lo mejor el problema no es él sino tú. ¿Has probado a ver cuánto tardarías tú en su lugar, bajando por el ascensor, que es lento de narices, yendo al coche, subiéndote a él, subiendo la silla, buscando un sitio donde aparcar porque la plaza para personas con movilidad reducida está ocupada por un incívico, bajar la silla, subirte en ella, cerrar el coche y subir por una acera de adoquines maltrechos?

Se quedó mudo.

La inclusión laboral de una persona con discapacidad no es solo darle trabajo, es adaptar su puesto a su discapacidad. Es decir, si tiene movilidad reducida y necesita una silla especial, se la pongas, que si es sordo y necesita un lazo inductivo individual para escuchar mejor los audios, se lo pongas, que si es ciego y necesita un programa que le lea lo que hay en la pantalla del ordenador, se lo pongas. No le digas corre más, súbete el volumen del audífono, que te lea alguien lo que pone.

Como decía una vez una muy buena amiga mía: “No se trata de negar la diferencia, ni las limitaciones que la discapacidad pueda suponer, sino de asumir de manera natural que esa discapacidad no condiciona el trabajo de una manera que no se pueda resolver, de que nuestra diferencia pase de ser parte de nuestro propio día a día, a formar parte también del día a día de nuestro entorno”.

Mucho se habla de la integración de las personas con discapacidad pero pocos creen en la capacidad de la discapacidad. ¿Cuántas personas con discapacidad ocupan puestos directivos o de responsabilidad en empresas o cargos públicos? Yo, salvo en empresas o instituciones relacionadas directamente con la discapacidad, ninguno.

Los primeros que asumimos nuestra discapacidad somos las personas que la tenemos. Sabemos, y lo demostramos, que eso no nos impide llevar nuestras vidas, nuestras rutinas, cumplir con nuestras obligaciones y disfrutar de nuestro día a día. Nuestra discapacidad nos lo pone un poco más difícil, sí, pero superamos esa barrera cada día, de forma instintiva, natural. Lo que resulta más difícil derribar son las barreras de los prejuicios, de quienes no creen que las personas con discapacidad somos iguales en derechos. Porque a la hora de las obligaciones, ay, ahí sí que nadie tiene ninguna duda.

Autor de la fotograífa que ilustra este post: Jorge Villa Bolaños.

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