Seleccionar página

Era mi cumpleaños: 30 años. Me miré al espejo desnuda, por delante y por detrás… “Bueno, no estoy tan mal, las carnes aún están firmes y el vientre liso…”, pensé. Un mes después, tras haber tomado la firme decisión de dejar de fumar, mi sobrino me escupió: “¿Tía, por qué eres tan vieja?”… Me salió la primera arruga, nacida de la sonrisa de idiota que se me quedó, mientras una tentación llamada Marlboro se ofrecía gustosa a consolarme.

Salí disparada como una flecha hacia el baño, dejando al niño allí, en medio del salón, con su juguetito, todo mono él. Me miré y remiré cada centímetro de la cara, en busca de una arruga delatora, nada… Pero el crío, la inocente criatura, ya había sembrado el pánico en mi hasta entonces equilibrado y ¿maduro? yo interior.

.- Quiero la mejor crema antiarrugas del mercado .- le exigí a la farmacéutica ante la mirada estupefacta de mi madre.” Si ahora ya tardo una hora más en arreglarme… ¡Dios mío! ¿Cuánto tardaré cuando llegue a los 40?”, pensé.

.- ¡Uy! Te estás poniendo jamona ¿eh? .- Me dijo una compañera, una víbora diría yo, a la que le corroe la envidia cochina, seguro. “Ya le gustaría a tí tener mi cuerpo serrano”, pensé.

.- Nena, como sigas así vas a reventar el pantalón. Esos kilitos se te notan ¿eh?- Me dijo otro conocido laboral en plan gracioso… “¿será giarghliprrrgurpsllassss?”, pensé clavándole con una sonrisa mi afilada mirada.

Sí, peso un poco más y qué, los chavales de instituto me llaman señora, los tipos de 50 suponen que estoy casada y con hijos, y en el banco ya me ofrecen planes de pensiones, y qué. Sí, hace tiempo que perdí el privilegio de ponerme cualquier cosa porque todo me quedaba de fábula y pronto mis tetas comenzarán a sucumbir ante la ley de la gravedad, y qué.

Ahora empiezan a gustarme los muebles antiguos, los discos de hace 20 ó 30 años, la tranquilidad de un día soleado en la sierra o de una noche en el teatro y el calor de las conversaciones entre amigos hasta que el sueño nos derrota. Cierto. ¿Y?

QUIERO

Quiero que nada me robe la capacidad de sorprenderme, de llorar con un libro hermoso, de soñar con una melodía magnífica y de reír con un buen chiste.

Quiero seguir aprendiendo cada día un poco más y ser capaz de dar a los demás el mismo amor que he recibido de mis padres, de mis hermanos, de mis amigos y de Juan Patricio ¡Viva la evolución!

Quiero llegar a vieja y tener a mi lado al hombre con el que me casé. Quiero compartir mis canas con él y cuidarle, como lo hacen mis padres o como esos matrimonios ancianos que van cogidos de la mano en el metro o en el autobús, a ritmo pausado, mientras todo a su alrededor corre a velocidad de vértigo.

Quiero despertarme con sus besos cada mañana hasta que Dios quiera. Quiero que dentro de muchos años me agarre de la mano como si fuera nuestro primer paseo de novios, me regale un poema y me susurre al oído pequeños tesoros. Quiero poder decirle entonces, como ahora, con la misma sinceridad: “Te amo, mi vida”.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aprobación de nuestra política de privacidad, Lea aquí los Términos de uso plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies