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Hace unas semanas iba en mi coche con la radio puesta cuando escuché: “a nosotros nos gusta hablar de talentos diferentes”, y resoplé, como cuando uno está ya hastiado de una cantinela cansina que suena en todas partes sin parar.

Respiré hondo, muy hondo y, cuando llegué a casa, me metí en twitter y escribí:

“Talentos diferentes”, “capacidades diferentes”, “personas con diversidad funcional” y todas las variables que se puedan imaginar en este sentido se han puesto de moda, y todo por no llamar al pan pan y al vino vino.

¿Pero qué problema hay en decir “personas con discapacidad”? A mi no me resulta molesto, sinceramente. Es más, es que lo tengo más que asumido, porque la discapacidad es parte de mi vida, de mi día a día.

La propia ONU habla de personas con discapacidad en la convención sobre los derechos de este colectivo, que supone un 10% de la población mundial, o sea 650 millones de personas, según datos de dicha organización mundial.

Sí me molesta que la Constitución Española hable de “disminuidos” (artículo 49). Con todo lo que se ha avanzado, con lo rápido que se reforma la Carta Magna cuando se ha querido ¿y aún tenemos que leer esta expresión en nuestra ley de leyes?

Curiosamente, son las personas sin discapacidad quienes tienen más reparos en utilizar esta palabra que nosotros mismos ¿Por qué? Tal vez, porque la discapacidad no está tan normalizada como se piensa.

Autor de la fotograífa que ilustra este post: Jorge Villa Bolaños.

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